octubre 4 de 2019, Bogotá, José Rivera, Comisión Bicentenario Farc/
“En
particular, los estándares en ciencias (tanto naturales como sociales) buscan
que los estudiantes desarrollen las habilidades científicas y las actitudes
requeridas para explorar fenómenos y
para resolver problemas”
(PERIODICO
AL TABLERO, numero 46, 2008, Ministerio de Educación Nacional)
Nos
avocamos a la conmemoración del bicentenario de la campaña de independencia en
medio de una confrontación de versiones sobre la historia, no solo de la campaña
independentista sino también de la historia reciente.
Al
tiempo que algunos personeros del régimen buscan imponer una versión de la que
corresponda con las necesidades de un sector que nunca ha considerado al pueblo
como constructor de los procesos históricos. Hoy se evidencia la movilización
de un importante sector social que se interesa por la reconstrucción de la
memoria, no como un ejercicio contemplativo sino como un proceso de
conocimiento real del pasado. Entendiendo la historia no como la colcha de
retazos construida con eventos inconexos, sino como la evolución de la sociedad
en un entorno material concreto, con hechos relievantes en el tiempo y el espacio,
cuyo estudio debe ser asumido con criterio científico.
Desde
la versión elaborada por los señores Henao y Arrubla hace cerca de cien años y
la del hermano Justo Ramón, en las que la historia de nuestra patria es una
colección de anécdotas de héroes todos ellos ejemplo de estética y urbanidad;
hasta las expresiones del presidente Duque reconociendo una supuesta ayuda del
los padres fundadores de los Estados
Unidos, distantes de la realidad historica, pues es probado el hecho que ese
país apoyó con armas al ejército español, llegando a incautarse los barcos con
cargamentos en aguas del rio Orinoco, hecho que produjo un incidente
diplomático, que años más tarde se vería complicado aún mas con la vinculación
del embajador de Estados Unidos al atentado de la noche septembrina contra el
Libertador. Ya antes había sucedido el rechazo del gobierno Norteamericano a la
petición de ayuda para la independencia de las colonias Hispanoamericanas,
hecho por Francisco Miranda a pesar de su condición de oficial del ejercito que
luchó contra los ingleses, por la independencia de ese país; y no sobra
recalcar sobre un hecho que esta versión de la historia no logra ocultar pero
que minimiza al punto de hacerlo pasar desapercibido: la acción del gobierno
norteamericano contra el esfuerzo de unidad Latinoamericana que significó el
Congreso Anfictiónico.
Son
evidentes, los esfuerzos que hace este sector por ocultar la verdadera historia
y construir medias verdades acomodadas a los intereses de la clase dominante y
de la potencia imperialista, para ello han contado con los recursos que les da
el poder sobre el aparato educativo gubernamental y todo el tren de propaganda
estatal y privado, editoriales como Voluntad se encargaron de llenar las aulas
de Colombia con los textos arriba señalados, pero su aspiración fue más allá, y
mediante reformas educativas hicieron desaparecer del pensum oficial la materia
de historia del pensum escolar, ya ni siquiera las deficientes lecciones de
Henao y Arrubla, llegan a los escolares colombianos.
El
conocimiento de esta materia hoy queda limitado a las elites que logran
ingresar a la educación superior, y el acceso a las habilidades científicas de
que habla el periódico del Ministerio de Educación Nacional se convierte en una
ilusión inalcanzable.
En la
naturaleza, la evolución del conocimiento es una indetenible acumulación de cambios cuantitativos y su
transformación en cualitativos, las limitaciones impuestas por este sector al
conocimiento y mantenimiento de la memoria histórica no alcanzan a plenitud su
objetivo. Los sucesos olvidados de la historia reviven en la memoria del pueblo
y son recogidos por investigadores que van a las fuentes, los elaboran; y de
esta manera perduran y nutren el conocimiento científico de nuestro pueblo.
Pero
existen muchas limitaciones para que el conocimiento científico de la historia
logre difundirse masivamente y se transforme en fuerza que ayude a proyectar el
futuro de nuestra sociedad.
Este
es uno de los más importantes retos de la presente conmemoración bicentenaria:
recoger la memoria histórica y lograr que los desarrollos científicos
alcanzados, rompan las paredes de los museos y los archivos y hagan crecer el
torrente del saber popular. Es reto inmenso para la academia, particularmente
en un momento que las fuerzas que gobiernan lanzan una ofensiva para negar el
pasado de nuestra sociedad, e impedir que el tratamiento científico de nuestra
memoria se concrete en una realidad que permita a nuestro pueblo desbrozar el
camino a una sociedad en paz y con justicia social,
Pero,
no es menor el reto de los sectores populares, tratar de romper con la cultura
de la telenovela que logra construir una ficción de identidad entre personaje y
espectador, en donde la ficción hace ver como heroico ser narco, sapo, o agente
de la represión, y banalizan el papel de la mujer en la sociedad imponiendo
valores de sumisión ante las arbitrariedades de la clase dominante.
Lograr
interesar al amplio público en el conocimiento de la historia, exige de una
labor intensa no solo de los interesados en la investigación científica de la
materia, exige vincular al ejercicio a los trabajadores de la cultura
(artistas, difusores culturales, comunicadores, docentes).
La
conciencia de nuestro pasado, nos da herramientas para encarar el presente en
áreas tan diversas y tan cotidianas que dejamos pasar desapercibidas. Nuestra
historia de héroes está determinada por el desconocimiento del protagonismo de
las masas, nuestras generaciones han crecido aceptando una historia donde las
heroínas no son el resultado de la participación del género femenino en la
lucha, sino que constituyen casos excepcionales como personajes secundarios,
mucha gente va a Monserrate en Bogotá sin saber que pasa al lado de una estatua
de Policarpa Salabarrieta ubicada allí donde se erigió el cadalso don fue
asesinada por los representantes del Rey de España, munchos pasan por el Park
Way, al lado del monumento al Almirante Padilla sin enterarse que el primer
navegante militar de Colombia era negro, o que los indígenas formaron una fuerza
fundamental del ejercito patriota, y se desconoce su papel en nuestra historia.
Invitamos
a todos a profundizar en la difusión de nuestra historia, desde la escuela, la
academia universitaria, el escenario callejero o de salón, la poesía, la música, a unir esfuerzos para
recuperar el carácter científico de la historia y alcanzar su difusión en todos
los espacios de nuestra sociedad.
José
Rivera
Comisión
Bicentenario Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común FARC
Mayo
de 2019